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Antigua pastelería del
Pozo.
Calle del Pozo, 8. La Pastelería del Pozo fue fundada en 1830 con el nombre de
“Horno de la calle del Pozo”, ha sido regentado por tres familias
diferentes, siendo la última la de los sucesores del soriano Julián
Leal, que se encargó de ella hace 87 años. El establecimiento presenta la estética de los comercios
tradicionales, con una fachada compuesta por cuarterones de madera y
paños de cristal en las puertas y el escaparate. El interior
conserva el sabor de los antiguos obradores. |
| Casa Mira.
Carrera de San Jerónimo, 30. Esta pastelería regentada por los herederos de Don Luis Mira
fundada en 1855, presume de ser la primera casa de turrones de
Madrid.
Casa Mira.
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La Duquesita.
Calle Fernando VI, 2. Abierta en 1914, fue traspasada al padre
de los actuales dueños en 1932. Gozó de una gran fama en
el Madrid antiguo y era visitada por personajes tan
ilustres como la Reina María Cristina. En aquella época
se dedicaba a preparar cruzamientos: cajas de bombones o
de pastelillos de mermelada con las que los caballeros
que ingresaban en una orden militar obsequiaban a sus
familiares. Estos dulces se decoraban con la cruz de la
orden a la que se fuera a pertenecer, la de Santiago o
la de Calatrava.
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| La Mallorquina.
Puerta del Sol, 8. Este establecimiento tiene más de 100 años y en toda su andadura sólo ha cambiado de dueños una vez, cuando la familia de su fundador, el mallorquín Juan Ripoll, la vendió durante la guerra civil. Fundada en 1894, se encuentra situada en el corazón de la Villa, la Puerta del Sol. Desde entonces ha sobrevivido a varias reformas, respetando una estética sobria que nada tiene que ver a la decoración de finales de siglo XIX. Debido a su privilegiado emplazamiento y a que se trata de un clásico dentro de la repostería madrileña, su clientela es de lo más variada y asidua. Su horno funciona durante todo el día, de nueve de la mañana a nueve de la noche, y sus especialidades son las napolitanas de crema y sus trufas, que en cualquier época del año pueden comprarse en la pastelería o degustarse en el salón. |
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Pastelería Repostería Niza.
Calle Argensola, 24. Esta pastelería poseedora de una vistosa fachada, se caracteriza por tener ocho tamaños de roscón de reyes que rellena de nata, trufa o crema y que sigue produciendo hasta un mes más tarde de la festividad. Durante el
resto del año elabora rusos (pastelillos de crema) y los
dulces típicos de cada época. |
| El
Riojano. Calle Mayor, 10 Este establecimiento fue fundado en
1855 por Dámaso de la Maza, un pastelero riojano afincado en Madrid que
trabajaba para la Casa Real. Desde entonces, han sido varios los
propietarios del negocio, pero no ha variado ni la estética del
local ni sus tradicionales pasteles artesanos.
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El horno de San Onofre-La Santiaguesa. San Onofre, 3 - Hernani, 7 - Hortaleza, 9 - Mayor,73 Cuenta la leyenda que el roscón de reyes tiene su origen en la corte del rey Sol, quien encargó a su pastelero español la realización de un postre especial con el que agasajar a sus invitados. El artesano pastelero ideó una masa en la que escondió una moneda y un haba. Aquel que se topara con la primera sorpresa en su plato gozaría de riqueza durante el año, mientras que el que encontrara la leguminosa habría de hacer frente a un año catastrófico. Fiel a esta tradición, el propietario del Horno de San Onofre –que regenta varios locales de repostería en la capital– sigue incluyendo estos dos elementos en sus famosos roscones, aunque se ha sustituido la moneda por una figurita. Aparte de elaborarlos vacíos, como dicta la receta original, los rellena de nata, de avellanas, de crema tostada, de nata con vino de Málaga y pasas, de frambuesa, de trufa y de cabello de ángel. El obrador, que existe desde 1931 aunque fue en 1972 cuando su actual propietario se empezó a encargar de él, también es conocido por su tarta de Santiago, por los árboles de chocolate y fruta seca y por otras tartas que incorporan los nuevos sabores que otorgan los frutos exóticos y tropicales. |
| Bombonería La Violeta.
Plaza
Canalejas, 6
Este establecimiento se inauguró en 1915. Se trata de una tienda pequeña pero elegante situada en una calle que acababa de renovar su fisonomía. En los bajos de uno de los sofisticados edificios que se construyeron se abrió esta bombonería que exhibía en sus vitrinas botes de caramelos, bombones y frutas en almíbar. Desde sus comienzos los caramelos predilectos de la tienda fueron las violetas, con la forma y el color de la flor. La Violeta mantiene hoy en día la fachada original de madera y se conserva la tradición en cada detalle.
Esta tienda no es
conocida precisamente por tener dulces navideños, pero
no podremos sino sentirnos atraídos por su Leña
Vieja, su Marron Glasé, sus Trufas, sus
Uvas y Guindas al coñac…Además, prepararán paquetes
especiales, decorados con mucho gusto, para regalar. En
su interior, caramelos o bombones, o lo que caracteriza
y bautiza a esta tienda: los caramelos de violeta o
violetinas, muchas veces imitados pero nunca
superados. E, incluso, los bolsillos más privilegiados
podrán darse el gusto de probar algo que no se ve todos
los días: las violetas confitadas.
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