Pastelerías Madrileñas
Antigua pastelería del Pozo.
Calle del Pozo, 8

La Pastelería del Pozo fue fundada en 1830 con el nombre de “Horno de la calle del Pozo”, ha sido regentado por tres familias diferentes, siendo la última la de los sucesores del soriano Julián Leal, que se encargó de ella hace 87 años. El establecimiento presenta la estética de los comercios tradicionales, con una fachada compuesta por cuarterones de madera y paños de cristal en las puertas y el escaparate. El interior conserva el sabor de los antiguos obradores.
Elaboran dos tamaños de roscones de Reyes durante todo el año, que son sin relleno. Del Pozo es conocida también por sus planchas de hojaldre hechas a mano y rellenas de crema o cabello de ángel. Además, elabora turrones de Alicante, de Jijona, de yema tostada, de chocolate y whisky y hasta pan de Cádiz: un bollo de mazapán con yema, membrillo y coco.

Casa Mira.
Carrera de San Jerónimo, 30. 

Esta pastelería regentada por los herederos de Don Luis Mira fundada en 1855, presume de ser la primera casa de turrones de Madrid.
En 1942 los sucesores de Luis Mira abrieron este local de visita obligada en Navidad. Está especializado en la fabricación de turrones artesanales que no sólo comercializan en esta época –aunque es el periodo de demanda más fuerte– sino durante el resto el año. Los hace de todo tipo: de Alicante, de Jijona, de yema, de yema tostada, de chocolate, de fruta y de Cádiz. Además tiene mazapanes, polvorones, guirlaches y roscones de Reyes, y unas frutas escarchadas que algunos conocen como las mejores de la ciudad. Su oferta también incluye los dulces típicos de cada festividad: así, en noviembre elabora huesos de santo y, para San Isidro, las famosas rosquillas.

Casa Mira.
La Duquesita.
Calle Fernando VI, 2.

Abierta en 1914, fue traspasada al padre de los actuales dueños en 1932. Gozó de una gran fama en el Madrid antiguo y era visitada por personajes tan ilustres como la Reina María Cristina. En aquella época se dedicaba a preparar cruzamientos: cajas de bombones o de pastelillos de mermelada con las que los caballeros que ingresaban en una orden militar obsequiaban a sus familiares. Estos dulces se decoraban con la cruz de la orden a la que se fuera a pertenecer, la de Santiago o la de Calatrava.
En la actualidad, ante una muñeca de alabastro que preside el local y que pudo inspirar su nombre, realizan deliciosos roscones de reyes, sencillos o rellenos de crema, nata o trufa, además de turrones, pastelitos de Gloria y polvorones.

Pastelería Repostería Niza.
Calle Argensola, 24.

Esta pastelería poseedora de una vistosa fachada, se caracteriza por tener ocho tamaños de roscón de reyes que rellena de nata, trufa o crema y que sigue produciendo hasta un mes más tarde de la festividad.

Durante el resto del año elabora rusos (pastelillos de crema) y los dulces típicos de cada época.
 

El Riojano.
Calle Mayor, 10

Este establecimiento fue fundado en 1855 por Dámaso de la Maza, un pastelero riojano afincado en Madrid que trabajaba para la Casa Real. Desde entonces, han sido varios los propietarios del negocio, pero no ha variado ni la estética del local ni sus tradicionales pasteles artesanos.
El local presenta la típica fachada de los comercios del siglo XIX, un tanto restaurada después de la Guerra Civil, y donde se combinan la madera, el mármol, los escaparates de cristal y el elegante rótulo que da nombre al local. En el interior se mantiene gran parte de la decoración original, formada por molduras labradas en madera, viguetas de hierro fundido, elegantes estanterías y dos mostradores de bella factura realizados en madera y mármol de carrara.
Además de ser pastelería, se creó un segundo espacio en la tienda que se convirtió en salón de té y en el que se puede disfrutar de todos los dulces que salen de su obrador al instante. El roscón se puede encontrar los 365 días del año, así como los bartolillos y los pestiños y las famosas pastas del Consejo en forma de C y sabor a limón
que fueron llamadas así, porque se elaboraban para servirlas cuando se celebraba el Consejo de Estado. No abandona las tradiciones y sigue elaborando los dulces típicos de cada fecha religiosa, como las gargantillas por San Blas.

El horno de San Onofre-La Santiaguesa.
San Onofre, 3 - Hernani, 7 - Hortaleza, 9 - Mayor,73

Cuenta la leyenda que el roscón de reyes tiene su origen en la corte del rey Sol, quien encargó a su pastelero español la realización de un postre especial con el que agasajar a sus invitados. El artesano pastelero ideó una masa en la que escondió una moneda y un haba. Aquel que se topara con la primera sorpresa en su plato gozaría de riqueza durante el año, mientras que el que encontrara la leguminosa habría de hacer frente a un año catastrófico. Fiel a esta tradición, el propietario del Horno de San Onofre –que regenta varios locales de repostería en la capital– sigue incluyendo estos dos elementos en sus famosos roscones, aunque se ha sustituido la moneda por una figurita. Aparte de elaborarlos vacíos, como dicta la receta original, los rellena de nata, de avellanas, de crema tostada, de nata con vino de Málaga y pasas, de frambuesa, de trufa y de cabello de ángel. El obrador, que existe desde 1931 aunque fue en 1972 cuando su actual propietario se empezó a encargar de él, también es conocido por su tarta de Santiago, por los árboles de chocolate y fruta seca y por otras tartas que incorporan los nuevos sabores que otorgan los frutos exóticos y tropicales.

Bombonería La Violeta. Plaza Canalejas, 6

Este establecimiento se inauguró en 1915. Se trata de una tienda pequeña pero elegante situada en una calle que acababa de renovar su fisonomía. En los bajos de uno de los sofisticados edificios que se construyeron se abrió esta bombonería que exhibía en sus vitrinas botes de caramelos, bombones y frutas en almíbar.

Desde sus comienzos los caramelos predilectos de la tienda fueron las violetas, con la forma y el color de la flor. La Violeta mantiene hoy en día la fachada original de madera y se conserva la tradición en cada detalle.

Esta tienda no es conocida precisamente por tener dulces navideños, pero no podremos sino sentirnos atraídos por su Leña Vieja, su Marron Glasé, sus Trufas, sus Uvas y Guindas al coñac…Además, prepararán paquetes especiales, decorados con mucho gusto, para regalar. En su interior, caramelos o bombones, o lo que caracteriza y bautiza a esta tienda: los caramelos de violeta o violetinas, muchas veces imitados pero nunca superados. E, incluso, los bolsillos más privilegiados podrán darse el gusto de probar algo que no se ve todos los días: las violetas confitadas.